Mapuche

“Habían escrituras donde se vendían 147 hectáreas por un saco de lana…”

Ana Hernández Gaez, líder de la comunidad mapuche Weichan Mapu.

Y

o tengo raíces mapuches profundas.  Mi linaje es Huenuqueo Inalef.  Mi nombre es Ana Hernández Gaez y vivo en Colonia San Martín, Fundo La Añorada, comuna de Frutillar.  Esta es parte de mi historia…”

Ana o la Ñaña como es conocida, fue la sexta de 8 hermanos.  A muy temprana edad parte junto a su hermana menor a estudiar internas a Puerto Montt, “Por el tema de la pobreza, una orden de un Tribunal indicó que con mi hermana debíamos irnos internas, donde las monjas. Allí visitábamos solo 15 días al año a nuestra familia”, comenta mientras su rostro comienza con los recuerdos de infancia.

La historia de Ana se enlaza con la lucha histórica del pueblo mapuche por la recuperación de las tierras, “son casi cien años de batallas que mi familia…mis antepasados dieron por lograr que estas tierras fueran devueltas por el fisco a nosotros”, cuenta la Ñaña Ana que el fundo donde viven actualmente ella y su familia se llamaba Miraflores, sin embargo, su bisabuela Claudina Huenuqueo lo modifica a Fundo La Añorada, “Era su sueño. Ella siempre añoró que este campo fuera libre, que cuando muriera, sus hijos tuvieran sus tierras devueltas. Ella entonces le pone así, añorando que el juicio de sangre de maltrato de desigualdad se terminara”.

Fue desde 1837 que los antepasados de la Ñana Ana comenzaron esta lucha de recuperación y reconocimiento de la  posesión ancestral del territorio ante el Estado chileno, que en su proceso de estructuración tomaba posesión de tierras para el Fisco y/o venta posterior a particulares. Juan Segundo Huenuqueo, fue quien logró reconocimiento por parte del Fisco que sus ascendientes eran los habitantes desde tiempos inmemoriales y así pudo confirmar posesión legalmente de una superficie de 5 mil hectáreas aproximadamente. Parte de estas tierras son las que posteriormente producto de “engaños y fraudes”, esta vez por la codicia Huinca, se transforman en nuevas posesiones de menor tamaño y con otros propietarios. Quienes, además, en un proceso de ventas sucesivas y cambio de dueños, van de alguna manera “blanqueando” estas compras fraudulentas o haciendo que esta huella de oscuridad  la borre el tiempo.

Esta historia pareciera ser la “maldición del Fundo la Añorada” pues los descendientes del Linaje Huenuqueo Inalef, serían nuevamente desalojados y es la Ñana Ana, quien esta vez vive en carne propia junto a sus familiares y parientes un nuevo desalojo de sus tierras ancestrales en diciembre de 1991. Quizás sea este violento hecho el que  sumado al amor de su madre y su historia la que empieza a moldear el temperamento y el coraje necesario para iniciarse en la tarea de “recuperar lo que les ha pertenecido desde siempre”, proceso iniciado con la Comunidad Indígena Weichan Mapu, que la Ñaña Ana tiene por misión conducir hasta lograr la recuperación de lo que tanto añoraron sus antepasados.

EL DESPOJO DE LAS TIERRAS

 “Aquí habían escrituras donde se vendían 147 hectáreas por un saco de lana, 94 hectáreas por una pipa de chicha, 100 hectáreas por un saco de trigo, así nos fueron quitando todo”, Ana cuenta que los documentos de sus tierras los encontraron el año 2016, en una oficina antigua en Temuco, llamada Oficina de Indios. Señala que fue un proceso paulatino en que fueron despojados de sus tierras hasta que en el año 1991 son desalojados totalmente. “Yo tenía 15 años cuando nos desalojaron y nos enviaron a Tegualda, en la comuna de Fresia. Todo fue muy duro, yo me acuerdo cuando Francisco García Heitz, junto con Rabindranath Quinteros y Sergio Páez fueron a visitarnos a nuestra casa.  A ellos los acompañaba Mirtha González, quien le entrega una hoja de oficio a mi tío Horacio para que firmen. El me la da a mí, que era la única que sabia leer y escribir. Cuando iba a comenzar la lectura, la señora ésta me la quita de las manos y los hace firmar con el dedo. Ese documento señalaba que ellos (mis parientes) se reconocían como usurpadores de esas tierras. Imagínese tamaña mentira“, este acto fue realizado sin que los dueños históricos de las tierras supieran que estaban firmando indica Ana.

¿Qué hacían Sergio Páez y Rabindranath Quinteros en que calidad fueron?

-Ellos participaban como testigos. Fueron cómplices de lo sucedido. De nuestro desalojo, de nuestro desarraigo y posterior pobreza-.

El día en que tuvieron que salir de sus tierras aún lo recuerda. Con tristeza nos relata que fueron sacados en un camión el que podría ser llenado con lo que alcanzará de sus enseres. Luego de completar la carga del camión, se procedía a incendiar lo que quedaba, en llamas uno veía el recuerdo y los años de historia de tu hogar. “Esto sucedió justo dos años después del engaño de la firma de  que sucediera lo de la firma.

El 17 de diciembre del año 1991, nos llevaron a Tegualda y allí vivimos una pobreza muy dura.  Nos dieron una casita de 3X6 metros, pero nuestro Piuque (Corazón) se quedó arraigado en La Añorada, cuenta la dirigente mapuche.  Recuperar lo que era nuestro, “veníamos de un folil de estas tierras, nosotros fuimos nacidos en estas tierras, en un coigue grande estaban nuestras placenta de nuestros nacimientos.  Nosotros no queremos cualquier tierra sino que nuestras tierras, donde nacimos donde están nuestras placentas.  Nos ofrecían otras tierras, en los Muermos, San Juan de la Costa y nosotros insistimos que no. Que necesitábamos volver y recuperar nuestras tierras.  En sus tierras ya vivía un empresario lechero, una empresa en la que se habían hecho inversiones en genética, en mejorar el suelo y no querían desarmarla.  Por tanto la recuperación de la tierra generaba un impacto en un terrateniente.  Un empresario”, expresa enojada la Naña.

LA RECUPERACIÓN

Corría el año 2011 cuando se enteran por la prensa escrita que el Fundo La Añorada, sería rematado por deudas derivadas de contribuciones no pagadas. Todos estos papeles venían a nombre de su abuela “en ese momento sentimos que estaba la esperanza de recuperar las tierras. Comenzamos con el Lonko Eric Vargas, a buscar primero los papeles del dominio de la tierra. Encontramos entonces algunos de ellos.   Ahí nosotros nos levantamos y formamos una comunidad el 8 de marzo del año 2011.  A raíz de esa publicación”.

Continúa Gaez. “Cuando ya estábamos desalojados, algo hizo que yo despertara. Los recuerdos malos de lo que sucedió cuando nos echaron. La depresión de mi madre, la pobreza en la que caímos, que fue peor que cuando vivíamos acá en el fundo. Eso hizo que yo despertara.  Fue una mezcla de rabia y asesoría para lograr la recuperación. El Lonko Vargas, fue un apoyo fundamental para crecer como mujer. Como líder. Llegué a sentarme con los diputados. Antes era violenta. Fui aprendiendo. Perdiendo el miedo.  El 2011 me llaman para ser presidenta de la Comunidad Weichan Mapu. La primera vez me negué cuando me lo propusieron.  Una vez que acepte, porque mi mamá y mis hermanas y hermanos me dijeron que aceptara. Lo único que pedí era que no quería violencia.  Quiero dialogo. Ver a mis hijos dormir tranquilos y mi madre que muera en su tierra.  Nos tomamos el fundó juntos.  Y lo conseguimos”.

Actualmente y luego de una lucha constante, dirigida por una mujer de nuestra tierra, la Ñaña Ana junto a su familia y la Comunidad logran la recuperación del Fundo La Añorada.  Hoy su madre está tranquila y descansa de vuelta a la tierra que la vio nacer.

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