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Hay verdad en la mentira y hay mentiras dentro de la verdad

Columna de Opinión de Daniel Carrasco

Cuando te ves enfrentado a resquemores o entredichos que tienen que ver con tu profesión, por lo general siempre se opta por dar a conocer los hechos, desvinculándote de estos. Buscas relatar de forma honesta en cuanto a la verdad se refiere.

Muchas veces, por otra parte, nos dejamos llevar por convicciones personales, que se asocian o semejan a lo que la historia significa. Depositando todo ese romanticismo y justicia que provoca defender algo que para uno como persona – no como profesional- forma parte de tus valores humanos.

Pero hay momentos en que la objetividad se ve enfrentada a esas convicciones. Haciendo de cierta manera, dudar de lo uno, o de lo otro, iniciando una paradoja moral, que puede rayar en la negación.

La paradoja

Se pensará – esto es una apreciación mía, con respecto al entorno- que el sentarse a escribir, argumentar un punto de vista, y reflejar con esto, la crudeza de la realidad, es un tanto simple para quienes vivimos y trabajamos en el mundo de las comunicaciones.

Pero no siempre es fácil, porque vemos o nos toca ver hechos que se contradicen, donde hay verdad en la mentira, y mentira en la verdad. Apoyadas ambas en la intención de hacer valer la agenda personal (intereses de un sector específico), sin importar las consecuencias o de jugar bajo las reglas del sistema.

Cuando estás en ese escenario, no porque lo decidas como opción, si no que se te muestra para darlo a conocer, existe – creo yo- un instante en donde debes sopesar que es lo justo, a tu entender como profesional, como colegiado en una actividad que busca ser lo más apegada a la verdad posible, pero que también puede ser manchada por el sesgo social, político o cultural.

La situación

Para muchos que me han leído en ocasiones anteriores, pueden dar fe que se le ha dado tribuna a un grupo de comerciantes ambulantes, que han sido de cierta manera, maltratados por este sistema, que no les brinda la posibilidad de sustentar sus hogares: una porque en concordancia con la actual crisis sanitaria no se les permite hacerlo, y dos, porque el estado – pese a tu restricción, y el conocimiento de lo que esta provoca- no otorga la ayuda necesaria a estas familias que no cuentan con otros ingresos.

Contextualizando estas palabas, el jueves 14 de enero -por si lo lees otro día- en la mañana, fueron detenidas cuatro mujeres, vendedoras ambulantes, y pertenecientes a la Federación de Comerciantes Ambulantes y Feriantes 4ta Colina, por salir a trabajar en el sector que siempre ocupan; afuera del Santa Isabel que está en frente del terminal de buses. La detención se justificó por hacer mal uso de documentos públicos (permisos colectivos), ya que no podían establecerse en el lugar que acostumbraban, según lo indicaron las autoridades.

Al enterarme de esta situación, de que habían sido apresadas, obviamente surgió la necesidad de escribir y hacer público esto, sin ver qué pasaba desde la otra vereda, la que en varias ocasiones ha argumentado que se les ha dado todas las posibilidades de ayudarlas, con espacios en otros sectores, donde si pueden funcionar.

De cierta manera, ambos tienen sus argumentos, sus verdades con mentiras y mentiras con verdades, las que se ajustan a la conveniencia del discurso, y de los intereses personales o generales de cada parte aludida.

Verdades a medias

Frente a este dilema, es complejo iniciar un relato, ya que, como les decía más arriba, existe esa contradicción que esta reflejadas siempre por verdades a medias. Pero a pesar de esto, debe haber – creo yo- un punto de inflexión, que por lo general lo delata el apoyo o quienes están detrás de cada verdad a medias.

Sin tratar de demonizar una parte u otra, o de victimizarlas para que la opinión pública emita su veredicto y se vaya en picada hacia cualquiera de los bandos – que por lo general se ve reflejado por esa fe ciega en cada verdad a medias, y que no revierte ni un análisis para determinar qué tan cierto o tan falso es-, existen puntos que deben ser considerados, ya que se vende el cuento de que la institucionalidad está para velar por el bien común.

La jefatura de hogar

Todas las mujeres que fueron detenidas, justificable o no, son jefas de hogar; mujeres que sustentan una familia a punto de esfuerzo – que puede ser cuestionable, eso dependerá del punto de vista con que se mire- que están al píe del cañón con sus seres queridos, porque el sistema no les brinda nada, y porque aprendieron a vivir de esa manera: luchando. Una de ellas, no cuenta con una red de apoyo muy grande, y no tiene con quien dejar a sus hijos. Digo esto, porque las cuatro, fueron detenidas por el famosillo artículo 318 del código sanitario, y pasarán a control de detención el día de mañana, por lo que permanecerán toda la noche recluidas en la comisaría.

De aquí, puedo advertir dos cosas: la primera con todo lo que sucede en el país, desde que se declaró el estado de excepción por catástrofe y calamidad, que no ha considerado a los que no viven adjuntados al sistema. Que ha permitido que la comunidad se empobrezca a través de políticas que no salvan a nadie, y que sólo ha reportado suculentas ganancias para los mismos de siempre. No se trata de resentimiento social- si al final, cada uno busca su propia felicidad, y no creo que eso signifique tener lo mejor en todo lo material- si no que de no entender nada de la realidad de las personas, y vivir en una burbuja donde se auto aplauden por sus “ganaas”.

Lo que me parece más delicado, más violento en toda esta situación, es que dos niños, que no sé en qué condiciones puedan estar, no sepan de su mama, o que vean que ella no llegará por la tarde. Hay un sinfín de posibilidades, que no manejo, pero que intento percibir.

Es aquí, donde se refleja el lado más oscuro de este sistema, el que fue emplazado en octubre del año pasado. Un sistema que no tiene criterio, tecnificado y sustentado en cifras, estadísticas, que permitan hacer ver la rentabilidad de un país, y no su preocupación para que todos los que participen de este juego, tengan las mismas oportunidades de surgir. Las herramientas, no las capacidades – eso depende de cada quien-.

El desapego a la realidad

¿Qué pasa con todo esto? Un gobierno que llama a la cohesión social, al comunitarismo basado en la falsa idea de que nos estamos cuidando entre todos, siendo que lo único que ha provocado es estrés, radicalismo extremo y una desvinculación total de la realidad de la gente. Donde se nos trata como niños mal educados y se nos restringe de libertades individuales y fundamentales, ratificados en los Juicios de Núremberg, que son el átomo de la Carta Fundamental de Derechos Humanos, y de la cual está cimentado casi todo el aparataje legal occidental.

Qué pasa aquí con esta mamá; que pasa aquí con los niños. Qué vamos a hacer. O los señores políticos saldrán en un tiempo más a hacer sus promesas de campaña, ofreciendo el oro y el moro a todos los que les brinden su apoyo – pensando de esta manera (los votantes) que serán escuchados, apoyados, etc, etc, etc- y se “pelaran las muelas” porque es conveniente, para que luego de obtenidos los votos, se continúe con el show boxeril, donde hasta los de la WWE se dan más fuerte. O serán hombres y mujeres “honorables” que se centrarán en el bien común efectivo, por sobre su interés personal. Porque a mi entender, eso es lo que ética y moralmente debe hacer un servidor público.

Puede que lo que yo diga tenga un tanto de verdad, sustentada en algunas mentiras. Puede que esté mintiendo, basado en alguna verdad. Pero siendo honesto con la experiencia que me ha brindado la vida, el criterio es lo que nos permite ser justos, porque puede que sea legal que se hayan detenido a esas personas a causa de sus infracciones, pero no es justo que dos niños tengan que pasar por este tipo de situaciones a causa de una persona o institución sin criterio.

Pero, en consideración a lo que algunos humanos pueden hacer, felizmente gestiones de la defensoría local, que consideraron este contexto, donde los derechos fundamentales de los niños, están por sobre lo demás. Eso, deja ver que aún existe criterio, para determinar este tipo de situaciones, que siempre…siempre tienen un daño colateral.

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